Experiencias traumáticas: cuando algo del pasado sigue muy presente
No siempre somos conscientes de cuánto nos afecta lo que vivimos. Algunas experiencias quedan grabadas de forma tan intensa que, aunque el tiempo pase, seguimos reaccionando como si estuviéramos atrapados en ese momento. A veces lo notás como ansiedad, pesadillas, hipervigilancia. Otras veces aparece como un malestar difuso, una sensación de que “algo no está bien” pero no sabés bien qué es.
El trauma no es solo lo que pasó. Es lo que quedó sin procesar, lo que el cuerpo y la mente no pudieron digerir. Puede venir de situaciones evidentes como accidentes, abusos, pérdidas o violencias. Pero también de vivencias más sutiles o sostenidas, como una infancia marcada por exigencias, miedo o abandono emocional.
Muchas personas llegan a terapia creyendo que deberían haberlo superado ya. Pero el trauma no se supera con lógica ni con voluntad. Porque no es solo un recuerdo, es una huella emocional y corporal que a veces se activa incluso cuando no queremos.
Cómo abordamos el trauma en terapia
Trabajo con un enfoque psicotraumatológico que parte del respeto por lo que viviste. No se trata de revivir el pasado, sino de ayudarte a que el cuerpo entienda que eso ya terminó. El modelo EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por los Movimientos Oculares) permite procesar esas memorias que quedaron “atascadas”, liberando la carga emocional asociada y generando nuevas asociaciones más adaptativas.
En paralelo, integramos herramientas de la terapia cognitivo-conductual (TCC) para trabajar con las creencias que se formaron a partir de lo vivido: “no valgo”, “estoy en peligro”, “no tengo control”. Estas ideas no son verdades, pero moldean tu forma de estar en el mundo si no se cuestionan.
Y sobre todo, vamos construyendo un espacio seguro donde no tenés que ser fuerte todo el tiempo. Donde podés mostrar lo que dolió, lo que sigue doliendo, y empezar a recuperarte desde ahí.
Un pequeño paso
Un ejercicio simple que podés probar: si notás que te estás sintiendo activado, asustado o confundido sin motivo aparente, tratá de orientarte en el presente. Mirá a tu alrededor y nombrá mentalmente cinco cosas que ves, cuatro cosas que podés tocar, tres sonidos que escuchás. Este tipo de “anclajes” ayuda a recordarle al sistema nervioso que el peligro ya no está.
¿Sentís que algo del pasado sigue afectándote?
No estás solo. El trauma puede sanar, incluso cuando lo que pasó fue muy difícil. No se trata de olvidar, sino de integrar, para que puedas vivir con más calma y libertad. Si querés empezar a trabajarlo, podés escribirme o agendar una entrevista. Estoy para acompañarte.